Œuvre littéraire

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La reflexión de Boabdil

21 mars 2025

Journée mondiale de la poésie

Récital à la librairie Sostiene Pereira, Grenade

Ayúdale en nombre del profeta

Roja tierra de ensanchados silencios,
abiertas oquedades en la lejanía de los ojos,
estimo las monedas del tiempo,
por no ser nadie en torpezas pasadas.
Vengo por los desiertos de mi presente,
y castigo mi galope con el sol que quema
mi ambigua estirpe día y noche,
y me enciendo en la muerte,
que mi vencido nombre bien anunció,
de las arenas el regreso.
Y dime, ¿qué puedo reprochar a mis hermanos,
que lucharon por tierra santa sin advertir,
la ira de los vergeles y mis jardines?
Ata a este hombre, o desátale, y
rinde al pensamiento dicha de descanso,
que estoy ya muerto,
y acaso no lo ves...

¡Ay de aquel que gozara en vida del paraíso mejor le fuera no haber nacido...!

Ropa y agua a la tristeza entrego,
y fuerza para dormir la causa,
de estas mis manos ya teñidas de nada, pues
encuentro en mi fuego el recuerdo creciente
de esta aventura frente a la Sierra de las Nevadas.
Porque más valiera el olvido del rey de las luces.
El escudo de nazaríes en mi pecho tatuado,
me quema las pupilas por siempre apagadas.
Soy de los mortales la burla de la lejanía,
donde tanto mar acumuló paraísos de aromas, y
forestas invocadas al buen dios,
restando a los verdes goces, esta leyenda.
Porque soy Boabdil,
de mis amigos o enemigos,
el rey desventurado.... Abū Abd Allāh.

Es verdad..., el agua y los surtidores lloraban por mí

Alza la Torre en Vela de ruiseñores, y
asientan en siglos todo el honor de los cielos ocultos,
escrita la verdad de un rugir de melodías,
aquello que siento desde el alma,
fue soñado y velado en tiempos pasados.
Vuelvo a batir mis alas en las alas de mi sangre, y
a lo lejos sigo viendo,
las crecidas fuentes de patios y naranjos.
De mi Alhambra lloran surtidores, y
su sonido de voces atardece entre las aguas.
Y miro temeroso a mi abuelo ciego que,
sabio y paciente de todos los tiempos,
veía desde sus labios, las rosas de un dios,
anunciando paraísos cumplidos en ésta,
mi tierra pasada.
Con los ojos se nubla la sombra de los altares,
sin embargo, en mis ojos tras las rejas,
intuyo un mar de olvidos,
entre paños húmedos.

La ambición de los tímidos resulta después la más segura

¿Cuál es la sabiduría de un esposo
que trae a la danza la fidelidad de un linaje?
Poco recupero al pagar la Paz,
y mucho pierdo con el alza de un cuchillo
que me dio la guerra.

Nada

Nada es el deseo de torreones y aljibes,
nada la diestra de la justicia de un rey,
y mucho los graves de una voz de mujer, que
duerme en los brazos abiertos de la ambición de un reino.
Pues enamorada gana
bálsamos de mirra, sándalo y ámbar,
y toca la centella de un huerto de mieles.
Y mucho habré de pensar en los hermanos, que
edificaran banderas en la hermosura de un deseo.
Nada,
nada será el anuncio de romances castellanos...

Que el saber sea vuestra riqueza

Del conocimiento alcancé la dicha de
sabios que me amaron,
miro mis alfombras que callaron el roce de rodillas,
por no perturbar la densa suerte de la vida.
Porque el buen dios acertó en el fuego de Hefesto
que maldijo el barro de alfareros,
y otorgó lujos en divanes y otomanas,
a mi buena ventura de anchos muros y aposentos.
Ángeles en la luz, y reverencian
las cabriolas de éste, mi maestro de blancos,
que encerró entre mis manos,
la energía moral de la Sabiduría.
Niño era y niño soy en la dignidad de musulmanes,
y el mejor de mis valles, la dote de mi abuelo,
que me otorgó ser Maestro de Soberanos.
Un sabio sabe lo que vale un rey,
pero un rey no sabe lo que vale un sabio…
-me dijo en sueños Alí ibn Abí Tálib-
Vale pues, mi ruina en la conquista,
todo el oro y sedas de Damasco,
por un soplo de aquella voz de entendimiento,
que vistió en mis barbas todo el color de la prudencia.

Tu regalo será este caballo

Y perfection en los bienes a entregar,
que buen cordel de la mano de la templanza llevarás.
Pues no hubo asambleas de diligencias,
fui lázaro en mi honor de emir pequeño.
Acércate, - me dice la sabia fuente de las sorpresas-
acércate a los enemigos del Reino de Horizontes, y
anticípate al tacto de sus hedores de tierra infértil...
Y tú, mi querido Azor, entregarás
mi linaje a los mortales, y serás
príncipe que dona
a los señores de Castilla y Aragón en noble aceifa,
acendrados bienes de lunas y soles sarracenos,
y batirás en tu relincho,
éste, el motivo de mi realeza,
ésta, la sangre de mi sangre,
éste, mi reino cubierto de verdes glorias
de tiempos y ademanes...

A veces la necesidad nos empuja hacia la Ciencia

Lánguido influjo de paz,
otorgó a la razón todo el color de la Ciencia.
Aritmética trenzada en la condición
de noble aventura. Números arábigos
que danzaron entre pliegos,
dieron su vida a las lumbreras de mis torres.
Abrazo de Botánica y Física dejamos escrito
en favor de infieles y bizarros,
cual herencia y pago de esta tierra,
tejida en bellos silencios.
Y oración in aeternum regalada a Ciudad Santa,
como granada de rojas suertes.
Éste fue el último destino de aquel,
el primer mapa que aberró dichas posteriores,
al sol de venidas Españas.
Pues el Sancta Sanctorum y la locura de harenes
no fue suficiente,
las arcadas y baños en nombre del buen profeta,
no restaron la profunda admiración sagrada al orar.
Surgió de la Ciencia y de nuestro saber,
el primer pergamino que entregó direcciones
a vista de nopales, brezos y arroyos.
Y fuimos agradecidos desde el atrio de templos,
salones, torres, balcones y orillas,
fingiendo en áureos surtidores,
la confusa ilusión del buen dios de atardeceres.

Porque tiene miedo...

Abondos bienes que humillan
el azul de una raza,
y sírvanse abismos a las lanzas,
por los aceros que rendirán cristianos,
a la tierra oblicua de escorpiones.
Pues acepto la ira de los miedos, y
la parte de tributo sórdido que pretende
la parada de esta expedición.
Al-Zagal acedado en su lenguaje
de disciplina ciega y admitida,
a corduras y obediencias,
siente en sus venas de buen batiente,
el deseo de instigar revueltas a sol de estrellas.
Miro y me blando en el aciago cristiano,
que no cubre su caballo de nobles acitaras,
miro sus ojos arrugados de hambre,
y brinco en mi montura las luces de mi honor.
Porque mucho habré de llorar desde mi herencia,
llorar como hermosa mujer,
suspirar como hombre rendido,
y largo será el día,
por las templadas acequias de mi memoria,
hasta el confín de todos los futuros… venideros.