Poèmes d’amour d’antan
POEMAS DE AMOR DE ANTAÑO
À María et Ramón, mes grands-parents
Récital poétique « Día de los Enamorados », organisé le 14 février 2026 au Centre artistique, littéraire et scientifique de la ville de Grenade. Section de poésie. Rencontre organisée et coordonnée par Pilar Bueno Ferradas.
DE MADERAS EL AIRE
¿Quién nos devolverá
las dedaleras de San Juan,
y los albos firmamentos
que cimbreaban sobre nuestras espaldas?
La luz es espuma sagrada
que fecunda la huella de nuestros pasos.
Conservo en el recuerdo tu juventud,
todas las imágenes, y todos tus ojos
de eternas fontanas derramando
a mi vera el agua del tiempo.
Abro, esta ventana de corales
que me ofreces con palabras de ímpetu,
como volcán de amapolas y luceros,
como duna de silencios que timbrea mis oídos.
Llego de la mano de la templanza,
una y mil veces al encuentro de la tierra,
de la hermosa tierra que me invita al lecho
del mirasol de tus mañanas.
ESCÚCHAME
Del silencio me traigo todos tus ruidos,
un mar de palmeras sobre el jardín de tus ojos,
hombre eres en la alborada de mis dioses,
¿Cómo ausentar mis temblores
sin pensar en los estigmas de mis manos?
Traigo a tu puerta la sensatez de mi pasado,
en cestas de mimbre traigo la paciencia,
te adornaré de acianos, de brezos y sonrisas,
además de mis músicas, ¿qué puedo traerte?
Perfecto eres sobre mi piel,
aquel que dibuja las columnas del Olimpo
sobre mis voces escondidas, -ya te dije-
Bajo el manto de la paciencia,
en una cesta de mimbre,
traigo a tu puerta los puños de mi intranquilidad,
las aguas de mi vientre, y todas mis derrotas.
Y DESPUÉS
Siguen las maderas de la vida
arrugando mis sonrisas,
lo sabes
Acaso un mar de almendros como ofrenda pagana,
floreciendo tardíamente,
descubrieron el nuevo astro, padre de la vida,
que invitó al deshielo de nuestras manos.
Pues nunca te importaron mis silencios,
perdonaste como perdonan los antílopes al sol,
al sol que ofrece el día de sentencia a aquel,
que pisa la hierba seca del estío,
frente a las fauces de la muerte.
Perdonaste el vuelo de mis mariposas libres.
Y la memoria,
si… la memoria que nos recuerda,
y nos alumbra las tenues noches urbanas,
alimentadas con mis ancianas risas,
las que un día fueron bellas para aquel que amé.
Alcanzo por ti las columnas de la vida,
las dibujo en cada mes,
en cada peldaño de vetustos troncos,
en tus años,
y vuelvo a sonreír hermosamente en ti,
en tu casa, en tu sigilo, en tus trigales,
entre tus manos.
ACASO EL VIENTO
Sobre aquel tejado floreció el musgo que el viento
posó entre el barro cocido y la pizarra,
como reliquia de un dios que interviene
en el tiempo, creando la sílaba de la vida,
susurrando la palabra vegetal que
columbra el color de nuestra descendencia.
Con aquel trigo,
comimos el pan de miel y nueces,
bebimos el licor que embriagó,
nuestras pequeñas y cándidas risas
bajo el frío de la luna.
Con aquel trigo sembramos los trigales
que cercaron la casa de áureos reflejos,
como templo de sueños dorados,
y no lo recuerdas ya.
Dime: ¿qué espectro latigueó tu alma,
dejándote su aliento frío,
venciéndome en la distancia,
socavando las cariátides que edifiqué para ti,
afilando las aristas de nuestra isla en el monte,
estremeciendo la casa bajo tus sandalias?
Y vuelvo, como el viento a sus huracanes,
para crear el verso que fue rumor de tus embajadas,
como sudor de estrellas en oración,
vuelvo con la sonrisa anciana
para encontrar, nuevamente, tu sonrisa joven.
AL PIE DE TU CASA
Fueron las palabras las que negaron,
los versos que inhalaron los aromas de esta casa.
Son llantos los que alertan de que existe
un cuerpo pétreo abrazando el territorio de tus ojos.
Vine desde la guerra de la vida a posarme
como semilla de paciente amor,
meciendo el aire sobre tus hombros.
¿Acaso sea un árbol,
guardián de tu morada,
atalaya de inmortalidad en tus silencios?
Me cierras la mirada en tus soledades urbanas.
Y lentamente, caen mis versos y manzanas,
sobre esta tierra blanda que me invita
al exilio de la templanza y los años.
Aquí soy la hembra vegetal
que levanta pilastras y brazos por ti,
como trenzas de amor
tejidas al abrigo de luciérnagas.
Desde esta guerra vivida al otro lado de los años,
por ventura soy sabina que creció augusta,
más allá de tus risas y bondades.
Al pie de tu casa,
siempre tuve el cuerpo de almíbar.