Obra Literaria
Crítica Literaria
Horizonte de Sucesos
Siempre me ha intrigado el silencio que guardan ciertos poetas durante largos años y su vuelta cuando menos se la espera. Pero es que la poesía constituye un completo misterio y someterla a los cánones de la normalidad resulta absurdo.
La poetisa parisina -profesora de Microbiología en la Universidad de Granada- Belén Juárez se mostró muy activa a finales del siglo pasado y principios del presente. Estuvo entonces vinculada a la revista “Ficciones” y a la histórica Tertulia del Salón y publicó los poemarios “Destierro en Cuatro Ángulos” (1999) y “La Noche de Ayer (2002). Después, cuestiones de salud la mantuvieron alejada de la vida literaria y recientemente ha vuelto por la puerta grande a la creación mediante un álbum de música, un espectáculo audiovisual y un nuevo libro de poemas que forman una unidad titulada “Horizonte de sucesos” (Huerga y Fierro Editores, colección Rayo Azul, 2026). La espectacular presentación de todo ello se llevó a cabo este mes de mayo en al biblioteca de Andalucía.
Lo primero que nos sorprende en este libro es su novedad, su decidida apuesta por la poesía cuántica; lo segundo, la visión positiva de la autora: su defensa de la naturaleza, de los animales, los árboles, la piedra, el mar, todo el cosmos en suma; panteísmo casi y un encendido canto de amor a la poesía.
Se nos presentan paisajes y también animales llenos de simbolismo: así la relectura del mito de los lobos, así el búho, que no solo representa la sabiduría de Minerva, sino también lo más íntimo, al igual que el fenómeno poético. Encontramos imágenes visionarias, oníricas y atrevidas, y referencias científicas en versos que fluyen de modo torrencial con un ritmo marcado por los paralelismos y las anáforas.
Son poemas impregnados de color, con un léxico lujoso, abundantísimo -nival, bellido, dragontea, turpiales…-, con frecuentes símiles que a veces nos llegan a pensar en Gerardo Diego: «Orcas como un manantial de espumas en alta mar». Versos que sorprenden al lector con un halo de neorromanticismo: «Te esperaré como espera un amigo,/ dormido sobre el musgo de una tumba, en primavera».
Y frente a toda esa fiesta de la naturaleza y de la poesía, un duro alegato contra la ciudad con su asfalto, sus « afilados silbidos de neón» y su tristeza.
