Obra Literaria

Capítulo de libro
La Química del Amor
Cuadernos del Magreb / Universidad de Granada · 2013
Capítulo dedicado al amor en la poesía de al-Andalus, integrado en un volumen de investigación sobre Marruecos, el Sahara Occidental y la tradición cultural andalusí.
Belén Juárez
TRES AMORES ÁRABES
APROXIMACIÓN AL AMOR EN AL-ANDALUS
MARRUECOS Y EL SAHARA OCCIDENTAL
Universidad de Granada
Cuadernos del Magreb
Edición de Larosi Haidar. 2013
Capítulo: La Química del Amor: El Amor en la Poesía de Al-Andalus
Belén Juárez
1. INTRODUCCIÓN
Al-Ándalus se considera uno de los periodos de mayor esplendor que ha pasado por las tierras de La Iberia; un regalo de la Historia en tierras actualmente españolas, donde grandes pensadores, literatos, músicos, científicos, artistas y toda la gente anónima de a pie que la habitaron, dejaron su Legado impreso para la posteridad. Su cultura se fundamenta en grandes valores humanos tales como la voluntad, el amor, la amistad, la sabiduría, el respeto, la dignidad, el valor, la generosidad, la perseverancia y el honor; todo ello condimentado con una gran dosis de respeto hacia Allah y a la Naturaleza; se alza, pues, como una de las culturas más extraordinarias que ha dado el Islam.
La libertad de espíritu les llevó a alcanzar grandes retos, todos ellos relacionados con la bondad humana y el amor, el conocimiento y su interpretación, y cómo no, el respeto por cualquier entorno natural que habitara la faz de estas tierras. Gentes de grandes cualidades espirituales que habitaron una tierra donde abundaron extraordinarios ascetas y místicos que dejaron su sentir de la vida impreso para futuras generaciones. Entre ellos cabría destacar a modo de pincelada a: Mohamed Ibn Masarra (883-931), filósofo y comunicador de gran personalidad nacido en Córdoba, y creador de una escuela que revolucionó el sentido de la doctrina y la vida entre los nobles de Córdoba; Ibn Muhammad al-Bakri, filósofo andalusí dado a la contemplación y la poesía quien al abrigo del rey poeta Al-Mu’tasim pasó gran parte de su vida entre Almería y Sevilla y quien sentía tal amor por los libros que los envolvía en seda, los custodiaba y protegía porque de ellos bebía el licor del conocimiento, tal y como nos cuenta Ibn Bashkuwâl. Otro gran pensador fue Abû-l-WalidMuhammad ibn Ahmad ibn Rushd, más conocido como Averroes, distinguido jurista, astrónomo, filósofo, médico y estudioso de la poética de Aristóteles; su preocupación le llevó a elaborar un discurso acerca del arte poético, lejos de la original idea de Aristóteles, insistiendo en la función educativa de la poesía como modelo discursivo útil para engendrar una convicción al lado de la dialéctica y la retórica (Luis López-Farjeat, 2005: pp. 53).
Podemos vislumbrar que la espiritualidad constituye para el andalusí de cualquier época el pilar fundamental para el discurso poético; el río del pensamiento encuentra en la palabra declamada el cauce perfecto de todas las motivaciones del alma, la presencia de la divinidad y su conexión con el ser humano, todo ello como peces que nadan por las aguas del verso, licor de las emociones y la sabiduría. Y qué mejor piel para esta poesía que todo el vasto conocimiento que con precisa dedicación experimentaron. La necesidad de un bienestar emocional, el respeto por los silencios del alma, el oído atento al verso que declaman los pájaros o los jazmines, la nieve o la lluvia que baña todo lo creado por Allah. En definitiva, el Amor venido a este lado de la vida a través del espejo de los hombres y mujeres del Al Andalus.
2. SOBRE LOS DIFERENTES PERIODOS ANDALUSÍES
El periodo andalusí abarca desde el año 711 hasta 1492 y delimita un territorio conocido como Al-Andalus (الأَنْدَلُس) habitado por árabes, judíos y cristianos en la Península Ibérica. A partir del año 773, se inicia el mandato de los Omeyas con Abd al-Rahman I quien estableció el emirato de Córdoba. Fueron los inicios de una etapa floreciente que continuaría con Abd al-Rahman II. A partir del año 929, se establece el Califato de Córdoba con Abd al-Rahman III declarándose independiente del Califato Abasí, decisión que escondía fuertes razones económicas con objeto de alcanzar una firme posición en relación al comercio en el Mediterráneo. Los Omeyas continuaron su mandato hasta el año 1031, momento en que comenzaron los Reinos de Taifas.
Durante esta etapa destaca como gran poeta Ibn Hazm, (994-1064), creador del círculo de escritores El círculo de los muchachos de blanco, autor de Del amor y los amantes y de El collar de la paloma, manuscrito consolidado como uno de los textos andalusíes en prosa de mayor trascendencia hasta nuestros días, y donde el autor intercala versos de un sentir poético extraordinariamente emotivo y amoroso (Paulina López Pita, 1999: pp. 69) con una maestría difícil de superar; ha sido y es, según palabras de Emilio García Gómez, una «auténtica joya literaria». Un texto de casi 1000 años de vida que seguimos saboreando y deleitando en nuestros días.
Otros poetas lo fueron: el rey Abderramán I; el poeta de la corte de Abderramán II, Ibn al-Samir; Abu Bakr mamad bn. Al-Qutiyya, cadí de Córdoba; Al-Sarif al Taliq, príncipe omeya, asesino de su padre por tomar éste como concubina a su amada; Ibn Suhayd, aristócrata cordobés y buen amigo de Ibn Hazm, poeta cordobés de corte neoplatónico, autor de El collar de la paloma y quien depuró la poesía andalusí embelleciéndola de intensas y abundantes imágenes; Abû l-Mugîrá Ibn Hazm de Córdoba, primo de Ibn Hazm quien dedicó su poesía amorosa a una esclava de Almanzor con la que después se casó; igualmente poetisas de gran interés por sus versos amorosos lo fueron las esclavas Mut’a y Qamar; Hafsa Bint Hamdâm al-Hiyâriyya; Maryam Bint Abî Ya’qûb al-Faysûlî al Ansârî, famosa en Sevilla; Uns al-Qulûb, esclava de Almanzor y enamorada de Abû l-Mugîrá Ibn Hazm; Al-Gassâniyya, escritora de panegíricos a príncipes y reyes; Muhya Bint at-Tayyânî al-Qurtubiyya, de origen humilde a quien la princesa Wallâda la tomó bajo su protección por poseer grandes dotes para el verso, y por último la propia princesa Wallâda Bint al-Mustakfi, hija del califa Mamad III al-Mustakfi.
A partir del declive Omeya, surgieron por los diferentes lugares de la geografía ibérica 39 reinos como consecuencia de las guerras civiles entre las diferentes dinastías (los zíríes, los amiríes —descendientes de Almanzor—), los abadíes, los tuyibíes, los birzalfes, y los hamudíes) todos bajo la denominación de Taifas. Durante este periodo, la poesía floreció espectacularmente, de tal manera que constituyó un motivo de prestigio y respeto el hecho de estar rodeado de poetas que custodiasen el arte de la palabra. Por este motivo, las grandes familias cultivaban el mecenazgo de aquellos sabios e intelectuales, y sus hijos eran educados por grandes poetas. Durante esta etapa, destacaron poetas refinados y cultos como: Ibn Zaydûn, cordobés, quien se hizo famoso por el intercambio de versos de amor y provocación con la princesa poeta omeya Wallâda. Al-Mu’tadid, rey de la Taifa de Sevilla, habilidoso con el verso, a pesar de su talante guerrero, escribió casidas de amor extraordinariamente sensuales. Igualmente, Al-Mu’tamid, segundo hijo del anteriormente citado rey de Sevilla Al-Mu’tadid, destacó por ser mejor poeta que su padre, tal y como podemos apreciar en su Diwan de poesía amorosa. Igualmente interesantes fueron los versos de amor del poeta historiador de la Taifa de Zaragoza, Abû Bakr Yanyâ al ‘Gazzar, quien escribió sin más influencia que lo que le dictaba su intelecto; de él conservamos algunos fragmentos donde se deleita describiendo lo que entiende por amor. Por otro lado, del poeta cordobés convertido secretamente al judaísmo, ‘Abd al-Asîs bn. conservamos versos de amor a una mujer desconocida.
Son notorias también las poetisas de esta época de las diferentes Taifas que bañan la geografía peninsular por sus versos extremadamente sensuales y cultos, tan llenos de emociones que muchos de ellos fueron referencia en siglos posteriores. Destacamos a la princesa sevillana Butayna Bint Al-Mu’tamid de finales del siglo XI y principios del XII; de quien sabemos que cultivó sus versos al abrigo de su familia, casi todos ellos poetas. Tras caer su familia en desgracia, Butayna fue vendida a un comerciante quien se la regaló a su hijo. Antes de acceder a los deleites del amor, ella exigió que el hijo del comerciante pidiera la aprobación de su padre, pues era de linaje merecedor de atención.
Igualmente hubo otras tantas mujeres poetas nobles en esta etapa de la Historia entre las que destacamos, a finales del siglo X y principios del XI, a ‘Â’îsa Bint Almad B. Muhammad B. Qâdim al-Qutubiyya, quien mereció la atención del poeta Ibn Hayyân. La describimos en este texto sobre el Amor en al-Andalus, por ser crítica con el sentido de las emociones y las costumbres sociales de la época; nunca se casó, según describe Ibn Hayyân en sus escritos, rechazando —de alguna manera— el amor, para convertirse en «amante de las letras» y de su libertad personal.
Otro ejemplo de poetisa culta y de gran entendimiento lo es Umm al-‘Alâ’ Bint Yûsuf al-Hiyâriya al-Barbarîyya; esta mujer vivió en Guadalajara y a pesar de que sólo se conserva una brevísima muestra de su obra, fue muy respetada y nombrada en su época.
Destacamos también otra princesa, Umm al-Kirâm Bint al-Mu’tasim B. Sumâdih, hija del rey de Almería al-Mu’tasim Sumâdih; de ella se conocen amores con su eunuco, as-Sammâr, como vemos en dos de sus poemas, lo que levantó la ira de su padre quien hizo sacrificar al joven. Por último, no quisiera dejar de nombrar a Al-Abbâdiyya, una mujer esclava en la Taifa del rey de Sevilla al-Mu’tadid ‘Abbâd, quien vivió a comienzos del siglo XI, y de quien nos llegan unos versos propios de la más alta seducción amorosa.
Durante la época almorávide (1091-1146) la poesía amorosa y sensual entra en decadencia en pro de los versos que realzaban las hazañas militares, a la vez que se prodigaba el zéjel, un tipo de poesía popular procaz, humillante, insultante y deslenguada que tanto distraía a los almorávides procedentes de África, musulmanes de grandes convicciones ortodoxas. Durante los segundos reinos de Taifas (1144-1170) y tras la intención de unificar el poder político y económico con objeto de la defensa de la cultura islámica frente al adversario cristiano amenazante, surgió la Era Almohade (1146-1269). Es en este momento cuando se vuelve a acunar una poesía sensual colmada de sensaciones placenteras y licenciosas, atractiva y refinada dirigida a satisfacer el confort emocional de las grandes familias. Vuelve el amor protagonista del verso.
De los siglos XI al XIII, destacan poetas rendidos a los versos del amor como son: Al-A’mas al-Tutili, llamado el ciego de Tudela, poeta de enorme ánimo pasional, lleno de vitalidad, habilidoso con el tipo de composición denominada moaxaja. Cuenta la leyenda que en 1104 hubo en al-Andalus un hecho que conmocionó a las gentes asistentes a un encuentro. Los juegos florales de la época eran habituales, las gentes disfrutaban del placer de la poesía de la voz y talento de los grandes poetas. Aquel día, al-Tutili comenzó a leer su poema, era uno de los finalistas, cuando al pronto se escuchó rasgar un papel interrumpiendo la lectura del poeta. Las miradas de las gentes acusadoras se dirigieron hacia aquel que insultaba con su atrevimiento; un silencio invadió aquel instante, se trataba del otro poeta participante que al escuchar los versos y la pasión con que deleitaba su lectura, decidió romper su papel donde tenía escritos sus versos. Era pues, una rendición frente al gran talento de su adversario, el reconocimiento a un gran maestro al que consideraba «el mejor». Al Tutili al percibir el gesto de su competidor, se dirigió hacia él y lo abrazó emotivamente, a lo que el público respondió con una sublime ovación que concluyó con el premio a los dos.
Otros poetas de gran interés en esta etapa fueron: Abû Ya’far Ibn Sa’îd o el sevillano Abu Ahmad bn. Hayyund, cuyos versos van de la mano de la poetisa Hafsa. También destaca Ibn Quzmân, poeta perteneciente a una noble familia cordobesa; éste último fue un poeta de gran talento en sus composiciones en zéjel, de gran sentido crítico e irónico, y más dado al uso de romancillos en tono vulgar. Utilizó la conexión con la lengua autóctona andaluza mezclada con el árabe clásico culto.
Destacamos en Valencia a finales del siglo XI a un joven poeta, Ibn Az Zaqqad, quien dedica versos de amor a una desconocida que sublima por su sensualidad; el sevillano Ibn Sahl (s. XII), de familia judía aunque formado literaria y socialmente en un entorno musulmán, dedica sus versos a jóvenes hermosos sin esconderse de su condición sexual.
Las mujeres poetas en esta época hablaron de sus emociones con gran libertad aunque podríamos puntualizar que se trataba de una libertad, en ocasiones tachada de «peligrosa». El hecho de tener acceso a la cultura hizo que muchas de ellas abrieran el cofre secreto de sus pensamientos y emociones y les llevaran a vivir trágicas desgracias. En realidad, la educación con que se vestía a las concubinas poetas no era más que un intento por valorizar a estas bellas damas que más bien se tenían como artículo de lujo masculino. Sin embargo, hemos de decir que muchas de ellas aprovecharon esta situación y aprendieron a negociar con las emociones de los hombres utilizando la habilidad de los versos. Eran por tanto maestras del corazón capaces de utilizar las más sutiles armas amorosas bajo el manto de la música del verso.
Vemos ejemplos de poesía amorosa femenina en la poetisa granadina de origen humilde Nazhûn Bint al-Qala’; en las hermanas de Guadix Hamda y Zaynab Bint Ziyâd; en la esclava Hind, quien dedica sus versos de amor al médico de Játiva Abû ‘Âmir Mamad b. Yannaq; en la almeriense Zaynab al-Mariyya, quien canta a un desconocido amante, y en la malagueña de gran capacidad oral aunque escasa formación cultural Al-Ballîsiyya.
Como más representativa de esta época conservamos los textos de amor de Hafsa Bint al-Hâyy ar-Rakûniyya con el poeta Hayyund. De esta mujer es de destacar que sus más bellos poemas de amor regaron las noches y días de los palacios de la época en vida de su amante, mas cuando lo ejecutaron, ella se abandonó para siempre, dejó de escribir, guardó luto desde su silencio y se exilió a Marrakech donde murió.
El último periodo de las Taifas se cerró con el Reino Nazarí de Granada, momento en que la obligación del pago de tributos a los reyes cristianos levantó tal malestar que derivó, con el tiempo, en una guerra civil entre miembros de la misma familia: Muley Hacen, Al-Zagal, y el sobrino de éste e hijo del rey, Boabdil. Fue este último quien tuvo que presenciar el fin del esplendor andalusí con su salida de Granada en 1492.
De esta época destacan poetas tales como Ibn al-Qaysi al Bastî, quien se considera la última voz de al-Andalus. Fue, por tanto, una época de declive. Los textos más hermosos se centran en las descripciones arquitectónicas y las luchas militares en contraposición con los temas amorosos casi ausentes. Es de destacar, como última gran historia de amor de al-Andalus, la pasión vivida por el propio rey Muley Hacen con Zoraya (Isabel de Solís) lejos del ámbito de palacio, en la alcazaba de Mondújar tras ser destronado por su hijo Boabdil.
3. ¿QUÉ PREOCUPABA AL ANDALUSÍ?
Rescatamos las palabras de Miguel José Hagerty en el libro Ajimez donde nos dice:
La lengua arábiga, en efecto, se ha olvidado, pero la poesía no es más que el vehículo oral y escrito de sentimientos e ideas de algún individuo que, accidentalmente, pertenece a una cultura y sociedad concretas, y expresado de una forma universal que llamamos —poema— el cual por su propia naturaleza escapa de todo intento de definición. ¿Pudieron los conquistadores borrar la estética particular de una cultura milenaria? Desde este punto de vista tal destrucción es imposible. La sentimentalidad andaluza trasciende los atentados invasores incapaces de asumir la prodigiosa capacidad receptora y transformadora que está en el meollo de la cultura de al-Andalus. (HAGERTY, 1985:11)
Efectivamente, la estética que bañó la sentimentalidad del pueblo andalusí entregado con tanta pasión al amor en todas sus magnitudes y formas es imposible de borrar con el paso del tiempo. Al andalusí le preocupaba la continuidad de su propia estirpe, tal como vemos en las múltiples guerras civiles y no civiles a lo largo de siete siglos, pero lo que más le preocupaba eran las Emociones. Dilatar las pasiones hasta agonizar sin temer a la muerte, combatir al propio destino, sufrir los ataques satíricos de las poetisas bien valía una mirada de la amada. Los retos amorosos se convirtieron en un estilo de vida inherente de hombres y mujeres que ardían entre jardines. No resulta extraño que la libertad de la que gozaba la mujer caminara paralelamente con el bienestar emocional del hombre. Si ella libremente gozaba de su amante, el amor se convertía en éxtasis.
Regalé pasión, la hizo sumisión,
Y también la eludió.
Después de ella, elija el gozo a quien quiera
Al-A’mâ al-Tutilî («el ciego de Tudela»), 1126 (1).
Versión de HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 64, 1985.
4. LA MUJER COMO CENTRO DE ATENCIÓN DEL AMOR DE LOS HOMBRES
4.1. ÉPOCA OMEYA
Hemos de advertir que el modelo amoroso seguido en al-Andalus está marcado por el estilo de amor vivido en Oriente, de tal forma que se observa un marcado paralelismo entre las vivencias de los enamorados andalusíes y las historias venidas y evocadas de Oriente. Así se detecta que durante la época omeya cuaja un tipo de amor cortés llamado ‘udrî como respuesta al amor carnal o ibais (Saleh Alkhalifa, 1998: 52); señales de este tipo de amores las vemos descritas en textos orientales como las vivencias del poeta Qays b. al-Mutawwah y su amada Laylâ.
Con Abderramán I, fundador del Emirato de Córdoba en 756, comienza una nueva era cultural y política en la Península Ibérica. Con él, se inicia un periodo intelectual donde la poesía alcanza el reconocimiento de género mayor. Fue un hombre culto, alto y de cabellos rubios dedicado tanto a los deberes políticos como intelectuales. De él nos han llegado algunas referencias de su producción poética, destacando un poema dedicado a la primera palmera que encargó traer desde tierras lejanas y que posiblemente plantó él mismo con tanto amor como añoranza de su tierra natal, Siria. Pero también escribió algunos textos de amor como el poema que se muestra a continuación donde describe en tono sensual la esbeltez y belleza de una mujer, posiblemente alguna de las quinientas concubinas de su harén.
La Hermosa en la Orgía
Su talle flexible era una rama que se balanceaba
sobre el montón de arena de su cadera
y de la que cogía mi corazón frutos de fuego.
Los rubios cabellos que asomaban pos sus sienes
dibujaban un lam en la blanca página de su mejilla,
como oro que corre sobre la plata.
Estaba en el apogeo de su belleza,
como la rama cuando se viste de hojas.
El vaso lleno de rojo néctar era entre sus dedos blancos
como un crepúsculo que amaneció encima de la Aurora.
Salía el sol del vino, y era su boca un poniente, y el oriente
la mano del copero que al escanciar pronunciaba fórmula corteses.
y al ponerse en el delicioso ocaso de sus labios,
dejaba el crepúsculo en su mejilla.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 111
Ibn Hazm (994-1064), autor de El collar de la paloma, como se ha referenciado anteriormente, escribió poemas que fueron el pilar de referencia para poetas de siglos posteriores que declamaron sus versos amparados en las enseñanzas de este mediático tratado de amor. Se han escrito ríos de tinta sobre este texto y especial atención merecen el análisis y la traducción realizados por Emilio García Gómez:
La belleza puede quedar desvirtuada, pues si bien constituye acaso la condición indispensable del amor (un maravilloso medio de unión —dice el autor— entre las partes separadas de las almas), no es el amor mismo, que radica, en cambio, en la identidad de las almas que estuvieron unidas en un mundo superior y que en este otro sublunar se buscan con frenesí, cuando pueden vencer las trabas materiales que las desfiguran y sujetan, como el imán y el hierro. (Ibn Hazm, 1985:66)
Es un texto que abarca todos los fundamentos del amor, nos habla del porqué y la manifestación humana de las emociones, de las consecuencias sociales al hacer uso de los caprichos del amor, de la libertad del alma y las desobediencias a la razón, de la fortaleza carnal y moral, del descaro en que se puede caer al amar. Según Ibn Hazm, el Amor es, por tanto, una fuente de encendidas pasiones de donde surgen infinitas historias, tantas como mujeres y hombres habitan esta tierra, tantas como gotas de agua nacen de los manantiales de la madre Tierra.
Por otro lado, el tema de la Muerte como consecuencia directa o indirecta de un amor también es tratado por este autor:
...Entre las tradiciones piadosas se halla la siguiente: el que se enamora y es casto y muere, muere mártir (Ibn Hazm, 1985:258).
En el siguiente texto Ibn Hazm consolida el amor como apuesta emocional en tiempo infinito, como valor humano, tal vez el que más. El amor no es fugaz ni en sus orígenes ni en su destrucción, crece asociado a los días, meses o años, en paralelo a la propia personalidad de quien ama. Es intemporal tal como describe en la siguiente casida de El collar de la paloma:
El verdadero amor no nace en una hora,
ni da fuego su pedernal siempre que quieres,
sino que nace y se propaga despacio,
tras la larga compenetración que lo afianza;
entonces no pueden acercarse a él abandonos ni menguas,
ni pueden alejarse de él firmezas y aumentos.
Confirma esto el que vemos que todo
lo que se forma presto también perece en breve.
Yo soy una tierra dura y pedregosa,
reacia e insumisa a toda vegetación;
pero si algunas plantas afincan sus raíces,
no han de cuidarse de que abunden las lluvias de primavera.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 156
A su vez, su sentido de amor destruye todo valor material, no valen las tintas escritas si no se acompañan de la esencia inmaterial, idea que rescata Ibn Hazm de la obra de Ibn Dawûd titulada Libro de la Flor (Arié, 1993:339). Hace hincapié en el peligro que supone traer a esta realidad lo que se siente, —más valiera el secreto que las cartas delatadoras— pues muchas cabezas rodarían en pro de amores tan legítimos como prohibidos por los celosos. Fue, este texto, premonitorio de aventuradas y peligrosas vivencias de siglos posteriores en al-Andalus, cuando tantos amores fueron sesgados de raíz ajusticiando a los amantes que cayeron presos de amores de bellas damas.
Duro es hoy para mí romper tu carta.
Pero, en cambio, el amor no hay quien lo rompa,
y mejor es que dure él amor y que se borre la tinta,
pues lo accesorio debe sacrificarse a lo principal.
¡En cuántas cartas está la muerte de quien las escribe,
sin que este lo supiera cuando las trazaban sus dedos!
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 158
Nadie aprende ni alerta su suerte cuando se ama, la lección de amor siempre es personal a pesar de las advertencias y las amenazas; la sabiduría se declina por valorar más la experiencia inmaterial de éxtasis que por conservar el cuerpo en vida; este pensamiento lo aprendieron los amantes venideros que arriesgaron sus cabezas a pesar del aviso de este poeta.
La unión clandestina ocupa un lugar
a que no llega la unión posible y manifiesta.
Es un placer mezclado de precaución
como el andar por medio de las dunas.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 171
Pero además, Ibn Hazm explica otros temas: habla de los sueños como prolongación de la realidad material; lo vivido en sueños tiene tanto valor para los amantes como la vigilia. Si hemos de sufrir en sueños, la consecuencia en la vigilia tomará la dirección de la respuesta al sueño; por tanto, las emociones aunque sujetas a la temporalidad, pueden escapar de ésta y ser tan reales como el cuerpo.
He visto en sueños que partías
y que empezábamos a despedirnos llorando.
Pero, al despertarme, te hallé abrazado a mí,
y mi tristeza, al verlo, se ha disipado.
He renovado entonces el abrazo y te he apretado contra mí,
como si volviese a ti de una separación desgarradora...
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 194
Propone, en verdad, que el amor puede agotarse; un espejo es capaz de reflejar el mundo de nuestra personalidad, pero si alguna vez se rompe, aunque se restaure, jamás volverá a reflejar la misma realidad. En este concepto se basa el poema siguiente:
Si antes me hubieran dicho:
—Olvidarás a quien amas—,
un mil veces habría jurado:
—Eso no sucederá nunca—
Pero ya que tras un largo desdén
fuerza es que venga el olvido,
bendito sea tu desdén
pues que trabaja y se fatiga en curarme.
Ahora me maravillo del olvido,
como antes me maravillaba de la firmeza,
y veo ya tu amor como unas brasas
que arden, pero bajo la ceniza
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 199.
De Ibn al-Samir sabemos que fue apodado El Príncipe de los Estrelleros de al-Andalus, por su talento en astronomía. Fue bien considerado por el emir Abderramán II. Escribió sobre los entresijos de Tarûb, la favorita del emir, quien en común acuerdo con el eunuco Nasr trató de envenenar al emir para colocar al hijo de ésta como sucesor del trono. En la siguiente Casida, dedicada a Muhammad, hijo predilecto del emir, hace referencia a un amor del que el príncipe cae preso, con un poema sensual y emotivo, casi cayendo en la sensiblería, pero de cruda denuncia, lo vemos en el verso: ... Los ojos al verla la creen una mansa gacela, ¿acaso no era una mansa gacela? Ella, a escondidas, fue la instigadora de la desgracia del eunuco que intentó envenenar inútilmente al emir. No sabemos si la belleza exculpaba del castigo merecido, pero lo que sí sabemos es que siempre un culpable pagaba con su vida las hazañas de una «favorita». He aquí, por tanto un ejemplo de un amor como arma de manipulación poderosa en el sentir de al-Andalus.
Perdí el gozo del amor desde que dejé a mi amante,
y solo paso las noches suspirando.
Cuando surge ante mí el sol naciente del día
me recuerda a Tarûb,
muchacha adorada con las galas de la hermosura:
los ojos al verla la creen una mansa gacela,
¡Cómo añoro su rostro!
¡Qué heridas ha dejado en mis entrañas!
¡Oh la más bella de las criaturas a mis ojos,
la que más plaza tiene en mi corazón!
El amor ha extenuado mi cuerpo,
prendiendo llamas en mi alma.
Ya no puedo pasar sin ti, privado de visitarte,
después de haberte tenido tan cerca de mí...
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 117.
Es de destacar que también Abderraman II escribía versos de amor, su ímpetu corría por el río de las sensaciones al tratarse de su favorita, Tarûb; fue, por tanto, una mujer principal ya que inspiró tanto al poeta Ibn al-Samir como al propio emir que la amaba.
A Tarûb
siempre que me aparece el sol de mediodía,
brillando, me acuerdo de ti Tarûb, noche y día;
me impide verte la visita del enemigo del día,
al cual dirijo un enorme ejército puesto al día;
con mi rostro sufro al simún, y en cada día
casi los guijarros se diluyen por el calor que ardía.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 120.
Un ejemplo de fiereza amorosa se encuentra en el príncipe omeya del siglo XI, Al-Sarif al Taliq, quien a los dieciséis años, embebido por los celos, mató a su padre por atreverse a tomar como concubina a la esclava favorita del príncipe, lo que le valió la cárcel durante dieciséis años por orden de Almanzor. Durante su apresamiento, escribió gran parte de su obra poética, a la vez que conocería a otro gran poeta, al-Gassanî que, por aquella época, también estaba encarcelado. En sus casidas advertimos el gran amor pasional que sentía y que le llevó a cometer el crimen de su vida.
Casida (2)
Rama que mece la duna,
donde mi alma ciega ardor,
tan bella que en su rostro nace
una luna nunca menguante.
Hechiza el parpadeo de esta nívea gacela cuyos intensos ojos blanquinegros
apuntan a mi corazón con flechas
.....
(2) En HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 21, 1985.(El texto se corta al final).
Ibn Suhayd, poeta cordobés (992-1035), destacó por ser el creador de otro género dedicado más a la naturaleza, las Rawdiyyatas, no obstante conservamos de él versos eróticos dedicados a una desconocida que amansaba sus noches placenteras. Es un poeta profundamente amoroso en su lenguaje, dotado de un gran talento para el erotismo, tema que trataba con elegancia y estética. A continuación rescatamos unos versos del autor dedicados a una mujer de la que no conocemos su nombre.
Se tumbó borracha y durmió;
la centinela amodorrada no la vigiló.
Me acerqué a su cercano costado
como el amigo cuando solicita favores.
Avanzando con lentitud somnífera,
trepando como el resuelto cálido.
Besando la blancura de su cuello,
libando la rojez de sus labios.
Así pasé dulcemente mi noche con ella,
hasta la brillante sonrisa del alba (3).
(3) En HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 29, 1985.
Resulta curiosa la historia del Abû l-Mugîrâ Ibn Hazm, primo del poeta Ibn Hazm. Este poeta fue castigado por Almanzor por haber mantenido relaciones con una esclava suya; no obstante, Almanzor se la regaló posteriormente y pudo casarse con ella.
Casida
...De haber sabido que tu amor era cierto,
te habría pedido venganza por mi vida;
cuando los nobles quieren algo,
se arriesgan al peligro
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 140.
Se percibe que el comercio de mujeres era habitual; estas mujeres, en muchas ocasiones fueron dignificadas convirtiéndose en esposas. Se trataba, por tanto, de una espada con doble filo, uno, el del amor que debían al esposo y, otro, su verdadero sentir. ¿Llegaron a amar estas mujeres verdaderamente a sus esposos? En algunas ocasiones así fue, tal y como lo demuestran los textos, pero en otras ocasiones el juego amoroso se convertía en moneda de cambio ganando así su propio tiempo libre en los harenes.
4.2. ÉPOCA DE LAS TAIFAS
La Historia de Ibn Zaydûn, corre en paralelo con la de la poetisa Wallâda. Su vida y sus versos no se entienden sin esta mujer que marcó no sólo la vida de este gran poeta sino la de tantos hombres que murieron de amor por una mirada suya.
Casida a Wallâda
Ha dicho adiós a la paciencia un amante
que, al despedirse de ti,
revela su secreto, en ti depositado,
y que lamenta, cuando te acompaña,
que no haya más camino hasta tu casa.
Oh hermana de la luna en esplendor y brillo,
¡que Dios guarde las horas en que vienes!
Si mis noches son largas después de tu partida,
¡cuántas veces me quejo de lo breve que son si estás conmigo!
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 218.
En otro de sus poemas, advertimos la añoranza de aquel amor cuando aún no estaba corrompido por el odio:
...Durante tiempo la recolecta de nuestro amor puro
fue un jardín de intimidad donde corríamos sueltos y libres.
Ahora ensalzo lo que éramos, y aunque
te consolaste con el olvido, sigo siendo tu fiel amante (4).
(4)En HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 44, 1985.
Se trataba de una relación de amor y odio incansable y doliente, sin descanso pero con etapas hirientes de silencio. Unas veces los celos, otra los despechos y el resentimiento; incesantes. Se aman desde el odio más profundo o desde la pasión más deletérea. Ibn Zaydûn provocó, en múltiples ocasiones, la ira de ella con sus devaneos, a lo que ella respondía con mil lanzas de desprecio. El poeta derrotó su paciencia abandonándose al amor pasional de otras mujeres que ocuparon sus noches: al vernos escarcear copas de amores, / despechados los émulos hacían,/ votos por nuestro mal y la Fortuna/ —así se cumpla— decretó impasible...
Casida a Nûn (5)
(5)Traducción de Emilio García Gómez.
¡Ay, qué cerca estuvimos y hoy tan lejos!
Al tiempo delicioso de las citas
la desunión durísima sucede,
Cuando vino aquel alba a separarnos,
también vino la muerte y por llorarme
diligente se alzó la plañidera.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 219.
Casida
....
Tuyo es mi amor. La humanidad entera me es testigo.
Tú también lo serías si la envidia te abandonara.
Nunca se perdiera la unión entre nosotros
Si tú hubieras amado como yo.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 228
Sin embargo, y a pesar de sus múltiples aventuras, parece que nunca abandonó su amor por la hermosa Wallada. Cuando ésta le provocaba con sus coqueteos amorosos con otros amantes, él se mofaba de ellos, insultándoles poéticamente, como es el caso de Abû’ Âmir, a quien califica de «rata» y a quien —según Zaydûn— le tocó en suerte las migajas que él despreció...
... ese manjar apetitoso
cuya parte mejor me tocó a mí
y lo demás se lo dejé a esa rata.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 224.
Se trata pues de uno de los episodios de amor y odio más fieros y sensuales a la vez de la poesía andalusí. Al-Mu’tadid (1042-1069), rey de la Taifa de Sevilla, a pesar de ser la crueldad personificada, rayando incluso el delirio perverso, escribió algunas casidas de amor que contradicen absolutamente su personalidad perturbada por la ira hacia sus enemigos. Un ejemplo de sensualidad amorosa se vislumbra en los siguientes versos, que más se acercan a un juego de poder que a un amor sincero: yo te pretendo... y tú, sin nombre, obligada a aceptar...
Casida amorosa
Bebimos,
cuando los párpados de la noche
se lavaban el negro antimonio
con el rocío de la aurora
y era suave la brisa,
un vino añejo como el oro,
de color puro y delicado el cuerpo.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 235
Cuenta la leyenda que un día, mientras Al-Mu’tamid —segundo hijo y sucesor del rey Al-Mu’tadid— paseaba con su amigo y mentor Ibn Ammar a orillas del río Guadalquivir, se levantó una ligera brisa y dijo: «El viento teje lorigas en las aguas», a lo que una voz oculta entre los juncos respondió: «¡Qué coraza si se helaran!». De entre la maleza apareció una bellísima mujer llamada Rumaykiyya que el monarca cayó rendido de amor. Poco tiempo después, se convirtió en su esposa llamándose Itimad, siendo posiblemente esta mujer el motivo de algunas de sus casidas de amor.
Casidas amorosas
I
¿Cuándo me amarás?
Nunca, jamás.
¡Desespero entrar en el Paraíso!
¿Y qué?
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 298.
II
La casa de mi gacela está dentro de mí:
corazón, pupilas, hasta el hígado son su posada.
Saben que te quiero y también temen la envidia.
Pero sólo te quiero a ti;
sólo deseo hacerte el amor
si sientes la misma pasión que yo.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 301.
Abû Bakr Yanyâ al ‘Gazzar, apodado el carnicero por su profesión, igualmente escribió temas amorosos, pero preferentemente en tono romance. En el siguiente texto, juega con los significados cuando se alude a lo «fastidioso» del amor, y contesta irónicamente que el amor «no tiene peso» y por tanto es inmaterial.
Cuán a menudo me encontré a un antílope,
del linaje de los Hawazin.
Dije: ¡Qué pesado es el amor!,
y contestó: El amor no tiene peso.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 369.
Por último, de esta época cabe destacar a un converso al judaísmo —en secreto—, ‘Abd al-Asîs bn. Habra. De él nos llegan algunos versos dedicados a una mujer anónima, y de quien describe los senos con alegre sensualidad y liviandad.
Amigos, en mi alma vive una moza esbelta;
se inclina y el embrujo emana de sus costados.
Sus senos son redondos con puntas de lanza
levantadas para estorbar la recolecta de su fruto (6)
(6)En HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 59, 1985.
4.3. ÉPOCA ALMORÁVIDE Y ALMOHADE
(AÑOS 1091-1146-1269)
Recuperamos a Al-A’mas al-Tutili como uno de los más sublimes poetas de aquel momento; dotado de grandes cualidades para la poesía, contribuyó a la evolución de este género dando paso a lo que sería el zéjel. Escribió versos de amor extraordinariamente emotivos, amaba a su esposa a quien dedicó sus imágenes y sus emociones cuando ésta murió.
¡Qué no se aleje de mí en ningún caso,
Amo acusadora que tortura y vacila!
Me abandonó con promesas de tristeza y enfermedad,
Cantando entre amorosa y coqueta:
Mi amor está enfermo de mi amar.
¿cómo no lo ha de estar?
¿no ves que a mí no ha de llegar? (7)
(7)En HAGERTY, M. J.: Poema del libro Ajimez: Antología de la lírica andalusí, pp. 64, 1985.48
Abû Ya’Far Ibn Sa’îd o Abu Ahmad bn. Hayyun es el ejemplo más significativo de tragedia amorosa en esta época; sus amores con la poetisa Hafsa Bint al-Hâyy Ar-Rakûniyya han perdurado en el tiempo gracias a textos bellísimos entre los dos amantes; hijo de una noble familia sevillana, fue ejecutado como consecuencia de la rivalidad con el príncipe Abû Sa’îd Utmân, hijo del califa, por el amor de esta notable mujer. No parece importarle la muerte, con tal de dignificar su amor y manifestar públicamente que tan bella mujer era merecedora de un hombre de mejores dotes corporales. Se atrevió al desprecio irónico alertando del color de la piel del príncipe. Vemos en este poeta, otro ejemplo donde los versos escritos fueron el arma condenatoria de un amante.
Poemas a Hafsa
I
Me han llegado tus versos y parece
que el cielo se ha cubierto de luceros para honrarme.
Hablan por ellos unos labios
Que mi boca ha jurado besar
II
... quiero con un amor
Que alarga en el amante su deseo....
A una mujer llena de orgullo
Que no responde a mi saludo.
...
Tan blanca como la perla
que casi se licua con el recuerdo,
mejillas aderezadas de almizcle;
era más que bella del todo ...(8)
(8) Ibid., p. 71.
Sátira contra el hijo del califa, Abû Sa’îd Utmân
¿Qué amas a ese negro?
Yo puedo comprarte en el mercado, por veinte dinares,
a cualquier otro mejor que él....
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 444.
De Ibn Quzmân conservamos algunos textos amorosos aunque su estilo más se acerca al canto social y a un tipo de romancillos que para nada se aventuran en el peligroso campo de las emociones y la lucha por un amor imposible. Era libertino y dado a los placeres carnales, se jactaba de su esbelta figura. Podría considerársele como un narcisista que se amaba a sí mismo; desenfrenado y lascivo, cortejaba a cuantas mujeres pasaban por su camino, como si del sustento de su autofilia se tratara.
I
Te turba quien a optar te da
Porque una me gusta, mas quizás esa otra logre,
Y una tercera aún es la más garbosa.
¡decide de una vez la que prefieres!
II
Mi pecho partirán / Mariam y Lifa,
Porque una azúcar es; / canela, la otra.
No hay pena como ser / de Beni Leilá Ponerles no podrás / delante a nadie
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 534.
Ibn Az Zaqqad, de origen valenciano (?-1135), tuvo una vida tranquila y placentera lo cual se manifiesta en sus versos. Fue un poeta excepcional que dominó la métrica considerándose uno de los mejores poetas del momento en al-Andalus. En relación a sus versos amorosos, destacamos la armonía y el aliento sosegado con que trata sus pasiones. No tenemos constancia de la mujer a quien dedica sus versos de amor, pero según se desprende de sus escritos, podríamos decir que amó sin sufrir ni padecimiento, rendido a la sensualidad de la belleza femenina por puro placer.
Noche de amor
Tan quebradizo y frágil su talle
como opulenta y pingüe su cadera.
Corta es la noche y vuela, si ella viene,
que de otras alas que el placer llevada.
¡No hay delicia mayor que su visita!
Una aurora me abraza hasta la aurora,
tahídes sus brazos en mi cuello,
los míos ceñidos a su cintura
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 538.
Ibn Sahl (1212-1251) fue un conocido poeta que nunca ocultó su tendencia sexual. Entra en la historia por su orientación homosexual, hecho que reivindicó con poemas de gran talla emocional que posteriormente fueron plasmados en Las mil y una noches. Su sinceridad y libertad de expresión amorosa alcanzaron gran fama antes y después de su muerte. Dedicó gran parte de sus versos a la poesía erótica, sintiéndose enamorado del joven Musa. Sentía el amor con tal fe que se convirtió para él en ley vital del corazón. Habla del amor como una enfermedad de la que no acepta curarse; su amor es más fuerte que su razón.
Casidas
I
Todo lo que me censura por amarlo,
se maravilla cuando ve mi constancia
II
Juro por mi religión, que es el amor que siento,
y por la alquibla de mi devoción, tu hermoso rostro,
que la pasión nace de mis entrañas
y si esta enfermedad se adueña de mi cuerpo
prefiero estar enfermo a tener alma.
III
Siento el sabor de la pasión como mirra y coloquíntida
mientras recuerdo su boca roja y perfumada.
Los ojos aman y desean su belleza;
todos sienten en él sus corazones.
Musa, Dios me perdone, es quien me mata,
mi corazón tiene en Musa a su amado.
IV
Juro por la azora de Yasín,
que la pasión turba con fuerza
mi religión.
V
...
¡Cuán a menudo los amantes, en todas las épocas,
buscan su curación en las huellas que dejan sus amados!(9)
(9) REINA, M. F.: Poesía andalusí, pp. 567 (I), 568 (II), 577 (III), 618 (IV), 638 (V), 2007.
Muhyiddin Ibn al-’Arabî fue un escritor místico y viajero que conoció múltiples lugares por donde dejaron huella sus versos. Aunque originario de Murcia, acabó sus días en Damasco amparado por el sultán quien le profesó noble admiración. Se casó dos veces, una en al-Andalus con una mujer a la que respetó y veneró con dignidad, y otra en tierras damasquinas con una bella mujer persa, Nizam, que inspiró su poemario sufí El intérprete de los ardientes deseos, y a quien el poeta se refiere como manifestación de la belleza divina, ya que aparte de su amor terrenal profesó un misticismo y amor a Dios inmensurable. Transciende su amor lo metafísico al dedicar gran parte de su obra a los valores religiosos del hombre. En nada se contradice su amor a la divinidad con el amor terrenal, ya que con gran sabiduría comprendió y explicó que las emociones nacen de lo inmaterial, se cristalizan en la realidad material, existen gracias a la bondad de ambas partes y finalmente vuelven a la inmaterialidad del alma tras la muerte.
...Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo.
Este es el límite del amor espiritual bajo forma material.
(Fûtuhât II, p. 334)
Si amas verdaderamente, obedecerás;
pues el Amante se adapta a aquel que ama...
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 552.
Se basa su obra en la Unidad de la Existencia (Saleh Alkhalifa, 1998:64), idea que rescata del pensamiento suffí, profundizando y reinterpretándola en un mayor intento de unión entre Dios y el Mundo.
La Existencia, incluida la del ser humano, es una forma de la Existencia de Dios, es decir, que no hay dos Existencias, la de Dios y la del mundo, sino una sola que es la Existencia de Dios y su realidad, y el resto no son más que reflejos del Mismo (Mu-ruwwa, 1985:227).
Por tanto, el amor en todas sus variedades lleva de un modo u otro al amor divino, aunque Ibn al-’Arabí distingue varios tipos de amor, (Saleh Alkhalifa, 1998:64):
...el germinativo, seminal u original (hubb), cuya pureza penetra en el corazón; el afectivo o cariño (wudd) y la expiración del amor (’išq) o locura de amor, amor infinito o colmo de amor (Ibn 'Arabï, 1988:23)
En el siguiente texto el autor explica con un ejemplo lo que es el amor pasional:
Sientes un afecto intenso (išq), una pasión penetrante (hawà), un deseo ardiente (šawq), una unción del amor (ğarâm), un agotamiento total (nuhûl), una imposibilidad de conciliar el sueño y de saborear la comida. No sabes en quién ni por quién ocurre. Tu amado no se muestra a ti de una manera clara. Ésta es la gracia más deleitable que yo haya sentido por experiencia propia (Ibn ‘Arabí, 1988:29)
4.4. ÉPOCA NAZARÍ
De esta época, la historia de amor más conocida fue la vivida por Muley Hasem y Zoraya (Isabel de Solís), una hermosa cristiana que supo embrujar al sultán de Granada quien cayó perdidamente enamorado de ella lo que le llevó a repudiar a su primera esposa Aixa. La historia de ambos ha inspirado a escritores de diversas épocas destacando la novela Doña Isabel de Solís, reina de Granada de Martínez de la Rosa y más recientemente la novela de Laurente Vidal, Los amantes de Granada. Constituye esta historia una apasionante reivindicación del amor en al-Andalus. Si al-Andalus nació amparado en el amor, murió igualmente con las emociones.
Versos nunca escritos de Muley Hasem a Soraya
Como lluvia de oro tus palabras,
amor que no cabe en los cuerpos,
—me dices—
alcanza el viento a respirar por mis poros,
como un profeta que cobija la savia preciada
de este al-Andalus.
Tú eres, —amada sultana—
la exacta palabra definida en mi cuerpo
eso que llaman Expresión del Infinito,
pasión inquebrantable,
aroma del sudor de las flores.
Porque no existe lo que se demuestra que existe,
vanas realidades consumidas por el giro de los astros...
Mas..
las únicas verdades de tus soledades y las mías
son las que se intuyen desde los estados intemporales.
Tú eres,
amor que siempre estás,
como la luz del sol que perciben los ciegos,
calor incombustible, cuerpo de mi cuerpo,
la sangre del Gran Amor construido
con nuestras humedades.
La vida, —tú lo sabes—,
es un templo de laberintos emocionales,
y nuestra Casa, nuestra Alhambra
es la estancia que guarda celosamente
la llave de nuestros secretos.
Juárez, B., 2005. El calor de al-Andalus.
5. EL CANTO DE AMOR DE LAS MUJERES
5.1. ÉPOCA OMEYA
El sexo en el Islam era considerado como una bendición divina y por tanto se consideraba bienaventurado el hombre que disfrutaba de los placeres del amor y la unión carnal tantas veces como su cuerpo le permitiera. Se trataba, por tanto, de un deber rendirse a la procreación. El papel que desempeñaban las mujeres era pues esencial, y ellas se entregaban, en la mayoría de las ocasiones, con la generosidad que permitían sus encantos, lo que constituyó la razón de sus múltiples versos.
Los tipos de amor que describieron las mujeres en sus escritos podrían simplificarse en dos tipos: el amor vivido y descrito por las mujeres de noble origen basado generalmente en la ironía, el amor conseguido o bien el desprecio, y por otro lado el amor de las esclavas cantoras, mujeres de fina educación, cultivadas dentro del ámbito cultural que cantaban placeres amorosos para deleite de sus señores. Era, este último, un tipo de sentir de aquellas esclavas tan sincero como peligroso, pues si osaban enamorarse fuera de la casa dueña, generalmente sus amados eran castigados con venganza al atrevimiento de aquellos hombres de poseer lo que no era suyo.
No hemos de olvidar que fuera de al-Andalus se escribieron tratados sobre «las mujeres cantoras» (qay-na), acusándolas de corrupción y libertinaje, todo ello debido a su habilidad y conocimiento de la poesía amo-rosa (Saleh Alkhalifa, 1998:54). Los hombres las solicitaban a su lado, lo que provocó la desaprobación de muchos juristas. No obstante, mientras en Oriente la persecución y delirio contra las bellas cantoras esclavas era un hecho, lo advertimos en libros tales como Kitâb fîl-nisâ (Libro de las mujeres) y Risâlat al-qiyân (Tratado sobre las esclavas cantoras) de Al-Ŷâhiz, en al-Andalus no se advierte este acoso, lo que permite a estas mujeres poder expresar libremente sus emociones, por lo que podríamos decir que no gozaban de libertad material pero sí de una cierta libertad espiritual.
En el escenario de la época Omeya muchos de los poemas escritos por las poetisas de al-Andalus fueron utilizados como armas contra ellas mismas y sus amantes, convirtiéndose en la prueba de amores prohibidos que espiaban sus progenitores o amantes celosos del amor de estas bellas mujeres complacientes y sumidas en las emociones más exaltadas.
Los versos de la esclava Mut'a así lo demuestran:
Poema de Mut'a a Abserranan II
Oh tú, que ocultas tu pasión,
¿quién puede ocultar el día?
Tenía un corazón,
pero me enamoré y voló,
ay de mí, ¿era mío o prestado?
Amo a un quraysí (10)
y por él he olvidado la vergüenza.
(10) Gentilicio de la casa de los Qurays de donde proceden los Omeyas y por tanto Abderraman II.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 120
En los versos siguientes de Uns al-Qulûb, esclava de Almanzor, el amor es fuente de toda inspiración para esta mujer, quien ama al poeta Abû l-Mugîrá Ibn Hazm, primo de Ibn Hazm y a quien dedica sus versos públicamente delante de su dueño Almanzor. Este hecho casi les cuesta la vida a ambos, pero ella hábilmente alude a Dios como único juez del amor entre enamorados, aprecia este dato en los versos que incluyó su amante en uno de sus poemas.
¿He cometido una falta grave,
¿cómo podré excusarme?
Lo ha decretado Dios, que yo no lo he escogido.
Lo más hermoso es perdonar
cuando se tiene el poder de hacerlo
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 142.
De Al-Gassaniyya de Pechina, (Almería, siglo XI) conservamos un panegírico dedicado a Jayrân, rey de Almería en la época de las Taifas. Se trata de una añoranza de la que se duele intensamente en un intento de desgarro temporal, una vida que fue agradecida y, sin embargo, una negación del presente, donde el pasado y el futuro se alzan como columna vertebral de su pasión.
...la vida era dulce bajo la sombra de su presencia,
y el jardín de la unión amorosa
el más fragante perfume;
¡Qué felices noches en las que no temía a los reproches por la pasión
ni me asustaba que hubiese huida
a nuestra unión!
¡Ojalá supiera, ahora en la separación
si todo será después como fue antes!
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 99.
De las poetisas de esta época, la más famosa y conocida por su estirpe y su producción poética fue sin duda Wallâda Bint al-Mustakfi, hija del califa Mammad III al-Mustakfi. Fue tan exquisita y manipuladora de las alquimias del amor que en muchas ocasiones sufrió las críticas de sus contemporáneos, sin embargo por encima de todo era una mujer que amaba a sus amantes. Como ya se mencionó anteriormente, su historia de amor con Ibn Zaydun corre la suerte de los vaivenes más locos, pues si él la hería fijándose en alguna bella esclava, ella abría sus velos a ministros e intelectuales y su tinta ponzoñosa contra Zaydûn.
Versos contra Ibn Zaydûn
Tu apodo es el hexágono, un epíteto
que no se apartará de ti
Ni siquiera después de que te deje la vida:
Pederasta, puto, adúltero, Cabrón, cornudo y ladrón.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 213.
Wallâda fue tremendamente pasional en su vida y en sus versos. Culta, refinada y de gran personalidad, entre ella e Ibn Zaydûn hubo siempre una eterna batalla de desdichas y versos satíricos cubiertos de reproches y celos que se balanceaban continuamente entre el amor y el odio, como ya se ha descrito al hacer referencia al poeta.
Si hubieses sido justo en el amor que hay entre nosotros,
no amarías ni hubieses preferido a una esclava mía.
Has dejado la rama que fructifica en belleza
y has cogido rama que no da frutos.
Sabes que soy la luna de los cielos,
pero has elegido para mi desgracia, sombrío planeta
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 104.
Otra poetisa digna de ser mencionada fue Muhya Bint at-Tayyânî al-Qurtubiyya. De familia humilde, fue acogida y educada al abrigo de la princesa Wallâda. Poseía una gran audacia y facilidad para escribir versos. Igualmente se atrevió al insulto y la mofa hacia los hombres a pesar de su condición humilde, hecho que tal vez bien satisfacía a la princesa Wallâda, quien seguramente gozaba y se divertía con la ironía verbal que proyectaba su protegida.
Oh tú, que das melocotones a tu amada,
¡Bienvenida esa fruta que a la alma alegra!
Su redondez imita el pecho de las doncellas,
Mas la cabeza humilla los penes.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 208.
5.2. ÉPOCA DE LAS TAIFAS
De Butayna Bint al-Mu’tamid (s. XI) sólo se conserva un poema que gira en torno a la petición a su padre de poder contraer matrimonio con el hijo de su captor, Mu’tamid ibn ‘Abbâd. La historia de esta poeta se centra en su propia desgracia como esclava y en el destierro y cautiverio que sufre su progenitor, el rey de Sevilla. Ella de alguna manera, acepta dicho matrimonio siempre que sea solicitada la aprobación de su padre. En esta petición al padre, se palma el desgarro que sufre su linaje tras la desgracia, dando incluso más importancia a la tristeza de la separación que al propio hecho de haber sido vendida como esclava y concubina. Incluso se aprecia un hilo de comprensión hacia su captor cuando exclama ...que de todo me protege.... Para poder comprender este tipo de actitud frente a un captor, hemos de tener en cuenta que para el andalusí cualquier pecado cometido en nombre del amor sería excusado por la mujer si su corazón demostraba sinceridad.
Escucha y atiende mis palabras,
pues esta es la actitud de los nobles!
Sabréis que fui hecha cautiva, yo que era hija de un rey de los Banû’Abbâd,
un gran rey de una época ya lejana,
pues el tiempo conduce siempre a la ruina.
Cuando Dios quiso separarnos
y nos hizo probar el sabor de la tristeza,
se alzó la hipocresía contra mi padre en su reino
y la separación, que nadie quería, se hizo presente.
Salí huyendo y se apoderó de mí un hombre
que no fue justo en sus actos, pues me vendió como esclava,
aunque alguien que de todo me protege
excepto de la adversidad
y quiere casarme con un hijo suyo,
casto, adornado de las bellas cualidades de los nobles
y que ha ido a ti a pedirte si estás de acuerdo:
Ojalá padre mío, me hagas conocer si esperar puedo mi amor,
y ojalá Rumaykiya, la real, con su favor,
pida para nosotros la felicidad y la dicha.
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 113.
Se vuelve a repetir lo que parece una constante entre las poetisas, el juego del tiempo, la esperanza de un futuro bondadoso ante el desasosiego del presente siempre adverso, y el recuerdo de un pasado armónico y placentero.
Umm al-Kirâm Bint al-Mu’tasim Ibn Sumâdih de Almería (s. XI) fue una princesa poeta que gozaba de gran libertad para escribir poesía. Observamos que dignifica a su esclavo inmortalizándolo entre sus versos. Mujer entregada completamente a los antojos del amor, no dudó en contradecir a su padre quien no aceptó ni pudo comprender que al corazón, al igual que al mar, no se le puede poner fronteras. Esta princesa experimentó un amor escondido y secreto, a la vez que vencedor en la batalla de las normas sociales de la época.
¡Ojalá supiera encontrar el medio para estar solos,
y apartar de nosotros los oídos del espía!
¡Oh maravilla!
Amo estar a solas con quien viene,
cuando mora en mis entrañas y en mi pecho!
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 117.
Es de destacar igualmente a Umm al-’Alâ Bint Yûsuf de Guadalajara, joven alegre y jovial, de gran carácter, en sus panegíricos clarea la lucidez de su intelecto. Su origen bereber marcó su poesía de libertad con tal habilidad que no tuvo reparo en ignorar y despreciar a los hombres que la pretendían si estos no eran de su agrado. Suave como la seda, su discurso exigía un respeto a sus deseos. No valen pues las adulaciones ni los buenos propósitos si el camello está viejo y cansado.
Las cañas no engañan con tretas de amor,
escucha mi consejo:
no te hagas más el tonto de lo que eres,
viviendo en la ignorancia como aparentas.
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 121.
Umm al-Hannâ’ de Granada (siglo XII), hija del cadí Ibn Atiyya, delata con sus versos la alegría de saber que verá a su amado, tal vez el ministro granadino Ridwân.
Ha llegado carta de mi amado
en la que dice que vendrá a visitarme... …
¡oh ojos que siempre lloráis,
unas veces de alegría, otras de tristeza!
¡Haced que esté alegre el día del encuentro
y dejad las lágrimas para la noche de la separación!
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 133.
De Zaynab de Almería (siglo XIII), existen pocas referencias bibliográficas. En cuanto a su poesía, en los versos que se exponen a continuación observamos un tono absoluto de sumisión al amante, aunque destaca que su capacidad de amar está por encima de la de cualquier hombre. Valora, por tanto, ese sentir amoroso que destila con absoluta lealtad hacia su amante.
Oh tú que cabalgas
en busca de la satisfacción de tus deseos!
¡Detente un instante
para que te diga lo que yo siento!
Los hombres no se preocupan del amor que sienten,
aunque mi pasión está por encima de la suya:
me basta con que mi amante esté satisfecho y feliz
y por su amor me esforzaré hasta el final de los días.
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 159.
5.3. ÉPOCA ALMORÁVIDE Y ALMOHADE
Nazhûn Bint al-Qalâî de Granada (siglo XII). Sorprendente poema el de esta granadina del siglo XII que denuncia entre sus versos el uso del velo. No es un poema de amor sino todo lo contrario: una respuesta a un amor no deseado; con estas punzantes palabras que utiliza para insultar, alude al uso del velo que debiera tapar la fealdad de quien la pretende.
¿Quién me defenderá de este amante antipático,
Que no entiende los gestos y los deseos?
Quiere unirse a alguien que no le daría
ni siquiera una bofetada;
con una cabeza necesitada de un cautiverio
y un rostro necesitado de velo
RUBIERA MATA, M. J., 1989. Poesía femenina hispanoárabe, pp. 129.
Hafsa Bint al-Hâyy ar-Rakûniyya de Granada (1135-1191). Su nombre Hafsa significa Bella. Fue una mujer cultísima que componía versos con gran talento. Su tragedia amorosa va unida a la del poeta Ibn Saîd tal como se ha comentado al hablar de este poeta. Recuperamos unos versos de su última época como poetisa donde denuncia el asesinato de su amante por los celos del «más poderoso». Su amor sincero perduró tras la muerte de Ibn Saîd, guardó silencio, dejó los recitales y las veladas poéticas para finalmente exiliarse a Marrakech, lugar donde murió lejos de su al-Andalus.
I
Por vestirme de luto me amenazan,
por mi amado que a hierro mataron;
¡Dios sea clemente con las lágrimas generosas
y los llantos por el que mataron sus enemigos!
¡Las nubes del crepúsculo rieguen su tumba,
allí donde se halle,
con la misma generosidad que tenían sus manos!
II
Te guardaré celosamente de la mirada del espía,
y de ti mismo, de tu tiempo y del lugar que habitas,
y aunque te esconda en mis pupilas hasta el día del juicio,
no quedaré contenta.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 450.
Hamda y Zaynab Bint Ziyâd (s. XII) fueron dos hermanas poetisas de Guadix, hijas de una familia acomodada e intelectual de la época, lo que les abrió la puerta deentrada a los ámbitos culturales del momento. Rescatamos unos versos que parecen ser atribuidos a Hamda pero no se sabe exactamente cuál de las dos los escribió. Parece manifiesta la complicidad entre ambas hermanas frente a los hombres. En los versos que se muestran a continuación, una de ellas habla de su amante como el defensor del amor entre ambos frente a otros posibles pretendientes; es de advertir la sensualidad femenina en este estilo de poemas tan sinceros como emotivos, rayando la inocencia y la candidez de los cortos años.
Cuando los intrigantes quisieron separarnos
y no podíamos pedir venganza de ellos,
cuando al asalto se lanzaron de nuestra buena fama
y al verlo escasearon mis defensores y aliados,
¡le contestaste al ataque con tus ojos
y con mis lágrimas y aliento
que eran espada, torrente y fuego.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 547.
Hind, esclava de la casa de Abú Muhammad 'Abd Afâh b. Maslama alsálíbí, familia acomodada, nos deja un testimonio de amor dedicado a un médico de Játiva. No se puede precisar si esta mujer era una esclava qiyân, es decir una concubina cantora dedicada exclusivamente al placer emocional y sexual de los hombres, lo que sí podemos advertir es la libertad con que escribe sus versos dedicados a un hombre fuera del ámbito de su casa. La educación que recibió en las artes literarias fue un instrumento que utilizó para dejar florecer sus emociones; es por tanto un claro ejemplo de mujer sometida, pero a su vez libre a la hora de decidir sobre sus emociones personales.
Oh Señor, que posees la nobleza
por encima de altivos y magníficos señores,
en mi premura por saber de ti
me basta ser yo misma la respuesta
acompañando al mensajero.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 395.
Al-Ballisiyya, fue una poetisa analfabeta de Vélez (Málaga) de finales del siglo XII y comienzos del XIII. Su aportación se ha considerado valiosa debido a su capacidad para declamar versos tanto de otros poetas como de ella misma. Su maestro ad-Dabbí así lo describe, advirtiendo de su facilidad para construir versos orales. En el poema que mostramos a continuación, advertimos un tono poético descriptivo del amor, podría decirse que padece de una personalidad sumisa ya que no parece importarle la condición colérica que adopta su amante con otras personas. Dicha actitud es propia de quien aún no se ha casado, por lo que sospechamos que esta poeta escribió estos versos cuando vivía en casa de su padre.
¿Tiene mi amado la mejilla
como una rosa sobre blanco por lo bella,
Cuando está entre la gente es irritable,
conmigo a solas es amable.
Ay, ¿cuándo hará justicia al oprimido?
Ese tirano es quien juzga.
REINA, M. F., 2007. Poesía andalusí, pp. 560.
6. CONCLUSIONES
En definitiva y como conclusión, tenemos que decir que la columna vertebral sobre la que se sustenta la poesía en al-Andalus es el amor en cualquiera de sus expresiones. La búsqueda incansable de los placeres terrenales basados en la contemplación de la Naturaleza y en la procreación es un tema constante a lo largo de todas las épocas de al-Andalus. El discurso de la poesía andalusí describe incesantemente la necesidad de placer tanto para el alma como para el cuerpo, lo que derivó en las miles de historias que han llegado hasta nosotros. Bien es cierto que no podemos hablar de lo que no tenemos constancia, pero cabría preguntarse si estas historias no son más que la punta del iceberg de toda la riqueza amorosa que bañó al-Andalus. Tal y como dijo García Gómez: en al-Andalus todo puede ser convertido en materia de arte.
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